¿Puede un directivo dar palos de ciego, especialmente, si se mueve en el complejo y cambiante entramado empresarial? Para evitar vivir en la eterna sorpresa, muchas veces desagradable, yo soy partidario de esforzarse por reservar con especial atención un espacio en nuestra agenda para, simplemente, revisar cómo hacemos las cosas o elevar la visión. Además, una vez este ejercicio de puesta a prueba de la voluntad se haya puesto en marcha, nos encontramos ya en la pista de despegue hacia una mejora sustancial de la gestión. No obstante, lo difícil es asumir compromisos con uno mismo tras la reflexión, pues si uno piensa sobre lo que le rodea y juzga, pero no toma acciones que activen el engranaje del cambio, ¿qué sentido tiene tal reflexión?
Como fundador de KRITER, desde el primer día, he creído en esta necesidad como herramienta estratégica y trato de extenderlas entre mis socios pero también entre todos los que formamos esta Compañía. Estoy firmemente convencido de que cuando se adquiere este hábito pasa a utilizarse en todos ámbitos de la vida; en el profesional pero también en el personal. Sin duda, el resultado mejora nuestra vida y amplifica nuestras potencialidades ayudando también a trabajar mejor en equipo.
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