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¿Qué queremos decir por pymes?

La transición a una sociedad emprendedora

¿Qué queremos decir por pymes?

Hace unos días, David Tomas, CEO de Cyberclick y autor de La empresa más feliz del mundo publicaba un artículo (El fracàs forma part de l’èxit empresarial) en Viaempresa donde se hacía eco de que tan solo se habla de la mínima parte de Start ups y no del resto. Tomás explica la importancia de analizar los errores que han llevado a las empresas a acabar con su actividad, puesto que forma parte del proceso de aprendizaje; y es que, según las estadísticas, ocho de cada diez empresas cierran a los cinco años de su creación.

Según el diario el puntavui.cat, el balance de la crisis que hace la patronal Foment en términos de actividad empresarial es que una de cada tres empresas pequeñas y una de cada cinco medianas ha desaparecido en el periodo de 2008 a 2014.

Más allá de la cuantificación, es necesaria una diagnosis más profunda, menos superficial y más constructiva sobre las verdaderas razones que explican la pérdida de recursos que supone cada cierre empresarial, especialmente cuando hablamos de pymes.

¿Cuál es el futuro que deberíamos estar construyendo ya?

La precarización de la ocupación y el aumento de los free-lances no es un fenómeno exclusivo de este país. El futuro del trabajo parece amenazado, y se habla de que en 20 años habrán desaparecido aproximadamente la mitad de los empleos actuales. Lo único que sabemos es que el futuro inmediato no podemos preverlo, pero sí podemos prepararnos para responder y adaptarnos de la mejor manera posible.

La fuente de creación de riqueza y bienestar de un país proviene de la generación de valor de sus empresas y de la aportación que estas realizan a la creación de ocupación. Pero no todas las empresas que se crean tienen las mismas posibilidades de supervivencia y/o crecimiento, ni de generación de ocupación. Además del ciclo económico adverso correspondiente a los últimos años de crisis, alguna cosa más ha cambiado a nivel global en el ámbito empresarial y laboral en el siglo XXI, que ha transformado el paradigma de la economía y de la sociedad.

 

La persona que hay detrás de una pyme

Si seguimos clasificando las empresas entre grandes, medianas y pymes, vamos a seguir sin tener un análisis real de las razones del crecimiento, puesto que un factor clave de diferenciación del comportamiento y evolución de las empresas es la persona que está en el origen de su creación. De acuerdo con una investigación realizada sobre pequeñas y medianas empresas en Gran Bretaña, y publicada en el Blog GDPF dedicado al management, pueden clasificarse a los propietarios de los proyectos empresariales en las siguientes cuatro tipologías personales.

  1. Supervivientes: se clasifican así el grupo más importante de pymes, emplean pocas personas, y básicamente tienen objetivos de bajos ingresos, sin voluntad de asumir mayores riesgos. Sus preocupaciones se centran en el día a día y no dedican tiempo a planificar o a comprender como cambia el mercado. Carecen de capacidades de gestión y de toma de decisiones. Los responsables de la investigación sitúan en este grupo alrededor de un 50% de las pymes.

 

  1. De bajo crecimiento: tienen significativa ambición a nivel de ingresos, suelen ser fantásticos en el ejercicio de su actividad y son capaces de asumir ciertos riesgos, pero controlados. Suelen operar en entornos estáticos, donde el cambio es gradual. No están suficientemente capacitados a nivel de gestión y tampoco saben delegar. Se sitúan en este grupo alrededor de un 20% de las pymes.

 

  1. Buscadores de estilo de vida: Desean conseguir signos visibles de estilo de vida que marquen la diferencia. Aprenden rápido y gestionan bien hasta escalar; cuando ya han crecido y conseguido sus objetivos, cambian hacia tener aversión al riesgo. Sencillamente no tienen aspiraciones para crecer más allá de un cierto punto.

 

  1. De alto potencial de crecimiento: Con real ambición de ganancias. Con capacidades de management. En la mayoría de los casos se basan en trabajar en equipo, proporcionar alto valor añadido y con orientación temprana a la exportación.   

Los datos son concluyentes: tan sólo un 5% de las personas que emprenden encajan en la última categoría de alto crecimiento empresarial. En cambio, es donde se enfocan la mayoría de programas de los gobiernos de soporte al emprendimiento, en dinero, tiempo y esfuerzo. No sólo en nuestro país. Tal como dice el autor del estudio, Nick Hixson, “la mayoría de pequeñas empresas tienen muy poco de los ingredientes asociados al emprendimiento de éxito, pero forman parte del tejido social y debería preocuparnos la alta tasa de mortalidad.”

Las pymes y autónomos representan más del 95% del tejido empresarial, y el trabajo y la ocupación es el principal distribuidor de la riqueza en la sociedad, pero las instituciones públicas no están otorgándoles el valor que les corresponde, y que deberíamos exigir. Una sociedad emprendedora no se construye tan sólo a partir de grandes titulares sobre Start-up de éxito. Para mejorar la distribución de la riqueza, necesitamos unas instituciones que apoyen mucho más al sistema productivo más débil (pymes y autónomos), garantizando los derechos básicos para todos, y no solo para aquellos que un buen día aprobaron un examen que les dio acceso a la tranquilidad laboral garantizada para toda la vida, y que se miran las dificultades del resto desde la tribuna de su seguridad.

Chus Blasco
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