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Para salir de la crisis: más y mejor

El trabajo es me gusta verlo así, por una cuestión de tiempo dedicado la segunda corona de confortabilidad de las personas tras la familia. Demostrado que necesitamos trabajar para vivir, debemos procurar que esta actividad nos reporte algo más que una contraprestación en formato monetario. Hay de haber también el cobro en forma de satisfacción por el trabajo bien hecho, por el pedido conseguido, las piezas bien acabadas, la entrega en hora y calidad, la satisfacción del cliente o el ciudadano administrado, el orgullo de pertenecer al equipo, sentirse apreciado y valorado. En definitiva, ser feliz allí para transmitir felicidad, también, a todo el entorno laboral y volver al mundo familiar con la autoestima vital intacta. No nos engañamos: no ser felices en el trabajo no nos dejará ser totalmente felices.

En un mundo cada día más globalizado y competitivo, las reglas por salirnos continúan siendo las mismas de antes: más y mejor. Trabajar más y mejor en el mismo tiempo y si es posible en menos. La productividad en nuestro país es algo que, desgraciadamente, nos aleja cada día más de la competitividad global y, sin darnos cuenta tiene un resultado perverso que hace que nos desincentive el emprendimiento y, con esto, el círculo de la generación de prosperidad no se retroalimenta, con el peligro que representa para el futuro, sobre todo, de nuestros hijos.

Estoy de acuerdo en qué con el nivel de precios logrados en los últimos años, el mileurista tiene complicado seguir el ritmo impuesto por la sociedad de hoy. Creo que la única manera de salir no es la queja sino la convicción de qué hace falta mejorar la preparación y demostrar una actitud de voluntad de superación en todos los sentidos. Si la reacción a un trabajo poco remunerada es el lamento y el desistimiento, pronto el desaliento provocará una lógica de decadencia del rendimiento. Quizás este efecto es imperceptible al principio porque es inconsciente pero, al final, el efecto está y cuando uno se da cuenta, si es que esto pasa, es demasiado tarde y nos podemos haber convertido en una persona improductiva. El resultado es siempre el mismo: ser superado por un compañero o compañera, ser despedido o, en el peor de los casos, que el bajo rendimiento se encomiende hasta que este haga metástasis a la empresa y esta se hunda.

No quiero dejar de decir que estos estafadores globales que han generado la crisis financiera aprovechándose de la codicia humana y hiperalimentando la especulación en formato piramidal nos han hecho mucho daño. Claro que sí. Este modelo económico de liquidez monetaria sumado a las diferentes condiciones específicas de nuestro país ha empujado al endeudamiento hasta niveles insospitables hace unos años a las familias y a las empresas que, hoy, cuando la banca devuelve bruscamente a los criterios defensivos "tradicionales" nos piden más avales, tipos diferenciales mucho más elevados, o nos financian porcentajes más bajos de las inversiones, o sencillamente optan por reducir el riesgo rebajándonos el riesgo, el resultado es el ahogo de una economía que se ha ido acostumbrando a vivir en crédito y que se ha encontrado que había olvidado el ahorro porque, sencillamente, este estaba poco o nada reconocido y menos incentivado. Muy bien, diréis... y qué tiene que ver... pues nada y todo. Quiero decir que con los estafadores globales de algún tipo u otro habremos de convivir nos guste o no. Los debemos combatir pero ha habido y habrá. A mí, personalmente, me cuestan de entender tantos agujeros económicos y tantos pocos nombres de responsables. Incluso podremos decir que seguro que había quienes lo veían venir y no hizo nada, etc... pero, la realidad es que la crisis es y que costará de marchar pero, mientras tanto, nosotros qué haremos? Nos lamentamos? O es mejor aprender y hacer lo que sólo nosotros podemos hacer? Yo creo claramente que la segunda opción es la única salida. Debemos contestar al mundo que nosotros estamos dispuestos a luchar. Debemos verbalizar claramente que queremos volver a ser reconocidos por nuestra aptitud y actitud. Que si por ser competitivos se deben sacar mejores notas, se ha de estar concentrado en el que se hace, se debe saber idiomas, se debe trabajar con una risa de oreja a oreja y se ha de estar alerta al mínimo deseo del cliente o administrado... estaremos y lo haremos. Y si por esto, por este trabajo bien hecho, si por nuestro más y mejor no recibimos la compensación que creemos que nos merecemos, la negociaremos con firmeza pero si no conseguimos adelantar, seguro que encontraremos otro lugar dónde aportar nuestro valor o volveremos a encarar el camino del propio negocio. En ninguna empresa puede que todo sean directores pero ay de aquel director que no sepa reconocer la valía de sus colaboradores! A la larga, aquella empresa también irá mal, si no es que el Consejo no se da cuenta antes por los bajos resultados de la empresa (responsabilidad de la dirección) y por lo tanto busca recambio. Al final, todo lo que digo es puro sentido común o experiencia vivida, quizás sí. Ahora bien, me atrevo a afirmar que de esta convicción podemos sacar la fuerza por salir de esta crisis. Esperar que pase está bien pero los buenos tiempos sólo llegarán para nosotros, individualmente, si nos los ganamos. Por cada palmo de bienestar hay miles de candidaturas.

http://compagina.powweb.com/valors/valors/persortirdelacrisiJOANMORA.htm

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