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Buenas noticias (frágiles) para la industria

¿Qué falta por hacer? Nuevas políticas para el siglo XXI

Buenas noticias (frágiles) para la industria

Las economías más industrializadas han soportado mejor la crisis económica mundial. Pero a diferencia del sector TIC, en el sector industrial es reconocido ampliamente que la dimensión es un factor relevante para ser competitivos en un mercado global. Su ciclo de inversión y rendimiento de la inversión es mucho más lento en las empresas industriales, aunque también mucho más sólido.

Con la publicación del Informe Anual 2015 sobre la Industria, se han dado a conocer algunas cifras que respaldan la evolución positiva del sector, y que son una muy buena noticia para la economía. El conseller Jordi Baiget, declaraba en la rueda de prensa de presentación de las cifras, la importancia del sector para la economía catalana que “funciona como un vector de internacionalización, de innovación y de creación de ocupación de calidad”. Concretamente, la ocupación industrial ha crecido un 4,3%, el crecimiento del valor añadido ha sido del 2,7% (un punto por encima de la zona euro) y la inversión industrial ha aumentado un 12,2% durante el 2015.

 

Contrastando la información

Personalmente, la publicación de datos positivos sobre la economía suele ponerme en alerta, especialmente durante los últimos años. Más allá de los titulares, a menudo las sensaciones que yo tengo a través de los empresarios con los que hablo son bien distintas. Pero en este caso, la realidad económica que percibo a través de las empresas con las que trabajo actualmente no desdice las cifras que muestra el informe.

La semana pasada, coincidiendo con la publicación de este Informe, el Director Financiero de una pyme de la industria metalúrgica catalana me contaba las sensaciones positivas que había tenido en un encuentro organizado por Pimec con otras pymes industriales, de diversos subsectores de actividad. El motivo de este encuentro no era comentar la situación económica, pero al finalizar con una comida, fueron poniendo en común las experiencias a lo largo de la crisis en sus propias empresas. Prácticamente todos los reunidos allí representaban la segunda generación de pymes familiares, y coincidieron en el diagnóstico sobre los siguientes aspectos:

  • El crecimiento es real, el aumento en el movimiento de pedidos y ventas es continuo, y compartían la sensación de “lo peor ya ha pasado”.
  • La reducción de la estructura a la que se vieron obligados durante la crisis les forzó a disminuir su dimensión y trabajar el día a día con los recursos mínimos.
  • Están comprobando gratamente que la calidad de sus productos está reconocida a nivel internacional.
  • Recientemente están empezando a tener dificultades para encontrar perfiles profesionales adecuadamente cualificados.
  • La opinión sobre la actuación de las entidades bancarias durante la crisis es unánime: les dieron la espalda completamente.

Después de los reajustes de la crisis, aunque los industriales reconocen que empieza a reconocerse su competitividad en el mercado global, el número de empresas se ha reducido y las existentes se han “adelgazado”. Adaptar la dimensión es la única medicina posible para perseguir la supervivencia en momentos de crisis. Si, la supervivencia como objetivo ineludible. Las empresas familiares son las que mejor lo saben, porque la sostenibilidad forma parte de su ADN.

El año 2008 el número de empresas industriales era de 207.499, y tan sólo un 3,2% de ellas (6640) tenían 50 trabajadores o más. Es decir, el 96,9% eran pymes. Con los últimos datos disponibles, no sólo se ha reducido el número de empresas, sino que las más pequeñas ya son el 97,2% del total.

Hace falta mucha resiliencia para resistir la travesía del desierto que han pasado estas empresas. He conocido de cerca a algunas de ellas. Al mismo tiempo, veo que muchos pueden tener la tentación de ponerse medallas por la recuperación. Pero la realidad tiene mucho más que ver con las personas que han luchado un día tras otro durante unos años que se han hecho muy largos. Una empresa industrial en este entorno global tan competitivo no sale adelante sin personas (empresarios y trabajadores) que apuesten verdaderamente por ello, a pesar de todos los indicadores desesperanzadores de los años de la crisis, y en muchos casos por encima de lo que financieramente era razonable.

 

Estrategia en políticas públicas

La Unión Europea reivindica el renacimiento industrial como eje del crecimiento económico y la ocupación, marcándose como objetivo en la Estrategia Europea 2010, que la industria represente un 20% del PIB. El Govern de Catalunya se ha marcado un objetivo aún más ambicioso, que es que el año 2020 la participación de los sectores industriales en el PIB catalán alcance el 25% (Estrategia industrial de Catalunya).

Pero el tejido industrial de Catalunya está muy fragmentado en multitud de pequeñas empresas, y podemos dar por hecho que un buen número de ellas tan sólo sobrevive. En la economía del conocimiento, la lucha por los márgenes en una economía global es el reto al que se enfrenta el sector industrial. La innovación es imprescindible para la sostenibilidad de las empresas, pero va a ser imprescindible innovar también en políticas públicas para hacer llegar este apoyo a las empresas industriales más pequeñas.

¿Podemos esperar (razonablemente) que cambien el paradigma de la supervivencia en el que han vivido hasta ahora por el de la internacionalización global sin apoyo externo? En lugar de esperar mayores heroicidades de empresarios anónimos, este crecimiento que ahora es tan frágil puede y debe acelerarse mediante políticas públicas distintas, innovadoras, adaptadas al nuevo contexto y la nueva realidad económica global.

Chus Blasco
www.afca.cat
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